Rastros del anonimato – Fotoreportaje sobre arte urbano

Marginalidad y anonimato son las únicas dos características permanentes atribuibles al arte urbano. Estos rasgos son producto del constante cambio.
De acuerdo con el sociólogo Armando Silva, “no cualquier pinta en una pared puede considerarse como arte urbano. Depende de las circunstancias sociales e históricas dentro de las cuales se conciba el mensaje. De la misma manera, lo que comenzó siendo una simple pinta hoy, mañana puede considerarse como arte urbano”.
El anonimato se justifica por la necesidad de tener reservas ante la autoridad. Además, la ausencia de rostros está fuertemente relacionada con la ideología del artista urbano. Uno de sus fines es conservar su identidad en el medio en el que se desenvuelve.

La marginalidad se refiere al presupuesto de que toda actividad relacionada con el arte urbano, viene a pervertir un orden establecido. Este supuesto es ambivalente, ya que el artista lo considera cuando busca hacer llegar su obra a lugares que rompan con ese orden.
No hay datos oficiales sobre el costo para la economía del Estado Mexicano por daños ocasionados por el graffiti. En comparación, EEUU considera que cada contribuyente destina de 1 a 3 dólares anuales para reparar y combatir las actividades relacionadas con éste.
La actividad se ha vuelto prolífica, hasta el punto de que existen empresas de pinturas en aerosol que han destinado gran parte de su producción y recursos a este mercado.
Un ejemplo de esto es la empresa mexicana Expresarte, la cual ha destinado su producción a la realización del graffiti y otras ramas del arte urbano. La distribución de dicha mercancía es principalmente a través del comercio informal, pero en años recientes ha alcanzado un crecimiento tal, que es posible encontrar negocios establecidos especializados
Percepción pública
El graffiti y el esténcil son considerados como delitos por el Código penal de la ciudad de México.
Las personas no responden directamente a la obra, sino al acto de tener una lata de pintura en la mano. Esto se traduce en las medidas que ha tomado el gobierno de la ciudad de México a través de la Secretaría de Seguridad Pública.
Este organismo ha desarrollado algunos programas para limitar el graffiti y sus derivados a espacios especialmente reservados para ello. Esto es considerado dentro del movimiento como un intento por limitar la libertad de expresión por parte del gobierno.
La Secretaría de Seguridad Pública no niega los rasgos artísticos existentes del graffiti. Pero el objetivo es controlarlo y desmitificarlo, permitiendo así acercar a quienes practican esta forma de expresión con el resto de la sociedad y la policía capitalina.
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